La golondrina de los Tártaros

A la medida de mis caballos será el cielo.

He soñado con lo que sucederá después del mediodía.

Los tártaros avanzaban por debajo de mí

y del cielo. No soñaban detrás de sus tiendas

alzadas ni conocían el destino de nuestras

cabras a merced del invierno próximo.

A la medida de mis caballos será la tarde.

Los tártaros escondían sus nombres en los

tejados de las aldeas, cual golondrinas,

dormían con placidez entre nuestras espigas

y no soñaban con lo que sucederá después del mediodía,

cuando el cielo vuelva poco a poco

con los suyos por la tarde.

 

Tenemos un solo sueño: que el viento pase

como amigo y esparza el perfume del café árabe

por las colinas que rodean el verano y los extraños.

Yo soy mi sueño. Cada vez que la tierra se estrecha

la agrando con un ala de golondrina y me agrando.

Yo soy mi sueño. En la muchedumbre me he llenado con el espejo

de mi alma y mis preguntas sobre los astros que

pasan sobre los pies de los que amo.

En mi soledad hay caminos para los peregrinos

hacia la Jerusalén de las palabras,

arrancadas como plumas de las piedras.

¿Cuántos profetas necesita la ciudad para que

retenga el nombre de su padre y se arrepienta:

“He caído sin combatir”?

¿Cuántos cielos se cambiarán en cada pueblo

para que su chal carmesí le complazca?

No nos mires así.

No seas el último mártir.

 

Temo por mi sueño a la evidencia de la mariposa

y a las manchas de mora en el relincho del caballo.

Temo por él al padre al hijo y a los que pasan por

la costa mediterránea buscando los dioses

y el oro de los precursores.

Temo por mi sueño a mis manos

y a una estrella erguida

sobre mi hombro que espera el canto.

 

Nosotros, los habitantes de las noches antiguas,

tenemos nuestras costumbres en el ascenso hacia la luna de la rima.

Creemos a nuestros sueños y mentimos a nuestros días.

No estaban todos nuestros días con nosotros

desde la llegada de los tártaros,

y ahora se disponen a partir

olvidando nuestros días detrás de ellos.

Dentro de poco nos posaremos sobre nuestra edad

en los campos y haremos nuestras banderas de

sábanas blancas. Si la bandera es necesaria,

que esté desnuda de símbolos que la arrugan,

y seamos apacibles para que nuestros sueños no vuelen

detrás de la caravana de los extranjeros.

 

Tenemos un solo sueño: encontrar

el sueño que nos llevaba

como la estrella lleva a sus muertos.