Cuento del Amor en Navidad…

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Algunos años, al llegar estas fechas, nuestro Guía Acael nos contaba un cuento de Navidad. He encontrado este y me apetece compartirlo con vosotros:

“Corría el año 1728 y las guerras, como siempre, asolaban medio mundo, mientras el otro medio se moría de hambre o no participaba en modo alguno.”
“En un lugar perdido en los Alpes, una pequeña aldea trataba de sobrevivir a las inclemencias del crudo invierno. La nieve había cortado los caminos y era imposible la comunicación con otros pueblos.”
“Los hombres habían salido temprano a recoger un par de vacas que se habían escapado y que, de no encontrarlas, morirían de frío o serían devoradas por los lobos.”
“Hans no tenía miedo, sabía orientarse muy bien por el sonido del viento al chocar con los picachos y podía saber dónde estaba con solo lanzar un silbido que el eco le devolvía con una tonalidad y un tiempo distinto, según lo devolviese una montaña u otra.”
“Así, se fue alejando del grupo porque conocía muy bien el camino de regreso. Comenzó a nevar más fuerte y sus huellas fueron borradas.”
“Decidió volver y lanzó su silbido para conocer el punto donde se hallaba, pero esta vez el tono no fue igual que otras veces, parecía que el eco se burlaba porque devolvía tres notas en lugar de una. Lanzó otro silbido y nuevamente el eco devolvió tres notas diferentes, y además, relativamente pronto, lo que significaba que la montaña o montañas estaban cerca.”
“Se encontraba totalmente desorientado, la noche caía y el seguía sin saber dónde estaba. Sus silbidos siempre eran contestados por tres notas, pero curiosamente aunque se desplazase de sitio, el eco, aquel tan curioso no variaba.”
“Cansado buscó cobijo junto a un árbol y pronto empezó a oír cómo algunas ramas crujían y algún jadeo indicaban que los lobos estaban cerca.”
“De pronto oyó los tres silbidos y una luz cegadora inundó la zona en varios kilómetros alrededor. Vio su aldea y las montañas, y algo más: estaba rodeado de lobos amenazantes.”
“La luz cegadora le impedía ver su procedencia, pero tenía la virtud de mantener a los lobos alejados.”
“Poco a poco se incorporó y sin dejar de vigilar a los lobos se fue dirigiendo a su aldea. No tenía miedo y pensó que Dios era quien iluminaba su camino y le protegía de las fieras.”
“Cuando llevaba recorridos varios centenares de metros se apagó la luz y entonces sí sintió miedo. En ese momento oyó a su espalda los jadeos de los lobos que venían corriendo tras él.”
“Se arrodilló y pidió a Dios que enviase nuevamente su luz.”
“El camino se iluminó y ante él aparecieron dos figuras luminosas.
¡Son ángeles! pensó Hans y corrió hacia ellos. Pero antes de llegar los ángeles le pararon y le dijeron: ¿Qué haces aquí solo?. Hans les dijo: salí a buscar las vacas de mi vecino porque las necesitamos para vivir.”
“Los ángeles le preguntaron: ¿Solo buscas las vacas para tu vecino?. No, también buscaba la libertad, la relación con la naturaleza, el lenguaje de las montañas, en fin, que cuando salgo de la aldea pienso en cosas muy distintas.”
“Los ángeles le dijeron: los lobos te indicarán el camino.”
“¿Los lobos?.”
“Sí, son los seres que viven cerca de tus montañas, sus crías nacen en ellas y conocen tu silbido, así que saben que no les harás daño. No han venido a devorarte, sino a guiarte. Hoy ya han comido, una de las vacas les ha servido de alimento. Ve tranquilo con ellos y no dejes de silbar. Te sorprendería saber la cantidad de veces que has ido acompañado de los lobos, si hubieran querido te habrían devorado hace mucho tiempo, pero tu amor a la naturaleza te hace su igual. Ve tranquilo y no vayas a nuestras montañas pues es su morada y es la nuestra.”
“Vivir en armonía en un mundo en guerra solo es patrimonio de aquellos que han sabido encontrar la luz en su interior, para ellos la noche no es oscura y los animales y la naturaleza toda, se pone a su servicio para que nada le ocurra.”
“No vayas a esas montañas, algún día tú vivirás en ellas, pero antes tienes que descubrir tu relación con los demás y con lo demás y dónde está tu papel.”
“Hans Gruber vivió para hermanar los pueblos de aquella zona. Fue maestro rural de 14 pueblos y aldeas. Curó a personas y animales y llevó la palabra de Dios a todos ellos.”
“Nunca leyó la Biblia ni los Evangelios, solo habló del Dios de los cielos, de las montañas, de los bosques y de los animales, y dijo a quien quiso escucharle que Dios se le apareció una noche y sin saber por qué se metió en su corazón.”
“Hans Gruber desapareció a la edad de 95 años, un día en que caminaba hacia “la montaña de los tres silbidos”.

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